La Edad de los Metales es una de las tres grandes etapas tecnológicas en las que tradicionalmente se ha subdividido a la prehistoria.
Comienza en el 6000 a. C. y termina en el 1000a. C.
Es el periodo que siguió a la Edad de Piedra y durante el cual el ser humano empezó a fabricar objetos de metal fundido.[1] La existencia de procesos metalúrgicos es indispensable para adscribir una cultura arqueológica a esta etapa, ya que los metales nativos eran trabajados por martilleado desde las fases iniciales del Neolítico.[2] Siguiendo este criterio, la Edad de los Metales comenzaría con las primeras evidencias de fundición del cobre, que son del VI milenio a. C. (en Anatolia y los montes Zagros) y acabaría con la progresiva entrada en la historia de cada región (en Europa esto se produjo durante el I milenio a. C.). En Mesopotamia y Egipto coincide ya con el desarrollo de la escritura y por tanto la metalurgia allí es plenamente histórica.[3][4]
Esta etapa se ha subdividido tradicionalmente en Edad del Cobre, Edad del Bronce y Edad del Hierro. De manera simplificada, la Edad del Cobre coincide en la mayor parte de Europa con la segunda mitad del IV milenio a. C. y casi todo el III milenio; el Bronce correspondería al II milenio a. C.; y el Hierro con el I milenio a. C., época en la que el continente entró en la Historia.
Características
- La Edad de los Metales fue un lapso de tiempo que se caracterizó por la introducción de la metalurgia en algunas regiones del mundo.
- Se divide en tres etapas definidas por el predominio de un determinado metal: Edad del Cobre, Edad del Bronce y Edad del Hierro.
- Sus fechas de inicio y final varían según las regiones, pero su comienzo se sitúa entre el 5500 y el 4500 a. C. en el Oriente Próximo y Europa.
- La Edad de los Metales significó el abandono de la Edad de Piedra y fue acompañada de otras transformaciones culturales, como la escritura.